Desde el pasado 23 de octubre el Espai d’Art Contemporani de Castelló (EACC) ha programado la instalación de uno de los gurús de la vanguardia artística. Lawrence Weiner es un investigador de materiales y sus relaciones con humanos y con otros elementos en el mundo. Desde el principio de su carrera, Weiner ha trabajado en el estudio, introduciendo materiales y experimentando con sus propiedades. Para evitar las limitaciones y la especificación de exponer objetos, en 1968 Weiner vuelve al lenguaje como medio para presentar su escultura. Al traducir su trabajo de estudio al lenguaje, Weiner comunica el contenido de cada obra sin especificar ninguna de sus cualidades físicas. Las propiedades del lenguaje unen las aspiraciones de Weiner para su obra: ser accesible, subjetiva, y sobre todo apropiada para un público variado.
Conocido como uno de los pioneros del llamado Arte Conceptual, Lawrence Weiner se autodefine como un escultor que usa el lenguaje como medio expresivo. Desde finales de los años 60 su obra se ha materializado en libros, animaciones y canciones, camisetas, pins, tatuajes, bocas de alcantarilla, posters… Su propuesta se articula fundamentalmente alrededor del material lingüístico. Weiner toma el lenguaje como materia escultórica con la que crear sus obras, técnica que emplea para componer Bajo el sol proyecto concebido para el Espai d’art contemporani de Castelló y que lo alojará en sus instalaciones hasta el próximo 28 de marzo de 2010.
Weiner considera que la construcción lingüística puede provocar la misma reacción en el espectador que un objeto convencional ya que la importancia de la idea está por encima de la materialización de la obra. El concepto es la pieza de arte independientemente del soporte utilizado. Motivado por un deseo social de contribuir a una solución, Weiner dice que su obra tiene éxito simplemente si enriquece las vidas de otros seres humanos. Al emplear materiales sencillos tales como agua, piedra…, la
obra es potencialmente accesible a cualquiera. Al principio de su carrera, Weiner empezó haciendo give-aways, pequeños objetos que intercambiaba ocasionalmente. Estos objetos intercambiables señalan su deseo de dotar a la obra de movimiento, algo que consigue totalmente a través del lenguaje. La igualitaria naturaleza de la obra de arte de Weiner siempre está influenciada por su experiencia personal, el entorno socio/político y el clima artístico.
Aunque la obra de Weiner es a menudo de una elocuencia extremada, flirteando incluso con la poesía, la obra de arte no es el texto sino más bien la idea (o contenido) que presenta en el lenguaje: el material, movimiento, o transición referenciada por sus palabras. Siempre y cuando se exprese el contenido, la obra puede estar recreada en multitud de formas: hablada, como lenguaje escrito, o como una manifestación construida del objeto o las circunstancias que el lenguaje describe. Aún cuando sus obras puedan mostrar cierta apariencia poética, se trata de todo lo contrario; no es con lo intraducible, lo no expresable, con lo que Weiner se enfrenta, sino más bien con la necesidad de traducción, y por ende con la problemática de la interpretación. Weiner maneja el lenguaje de manera constructivista y no hermenéutica; no distingue entre substantivos o verbos, entre objetos y acciones. Como él mismo lo expresa, en sus proposiciones no se indica un sentido determinado: “El arte que para su apreciación impone al receptor condiciones (…) constituye en mi opinión una estética fascista. Mi arte nunca da direcciones. ”Weiner aplica este principio de direccionalidad, desafiando al espectador a producir significado a partir de conceptos en apariencia inconexos, un significado que refleje tendenciosamente la realidad del receptor. Convierte la direccionalidad/no direccionalidad en el asunto de la obra: “En Occidente se da por sentado que toda la gente en ciertas culturas entiende tanto el significado como el uso de las líneas rectas, mientras que de hecho una gran parte del mundo no entiende las líneas rectas.”
La comprensión de la “línea recta” no es una opción únicamente matemática sino que también está en relación con un discurso cultural. Norte, sur, este y oeste son también conceptos abstractos que presuponen la universalidad. Sin embargo se vuelven relativos con rapidez dependiendo del lugar donde uno se encuentre. Las líneas rectas son realmente escasas en un mundo que se muestra culturalmente dinámico y conflictivo.
En las últimas cuatro décadas Weiner ha realizado obras y exposiciones con textos pintados o vinileados directamente sobre la pared, suelos o fachadas de edificios; en carteles y libros que él mismo diseña. De este modo, el arte de Weiner no existe solamente como lenguaje, ni se limita a ser escrito sobre un soporte, sino que incorpora la vaguedad de significado que puede existir en lo hablado o en lo traducido. Colocando su obra en diferentes contextos claramente accesibles democratiza su propuesta voluntariamente.
Respondiendo a la invitación del EACC, Lawrence Weiner propone el proyecto Bajo el sol en dos versiones: un trabajo concebido para el espacio público y una exposición en la que despliega sus conceptos en la sala del EACC.
La obra pública hace referencia a cuestiones como ¿Qué constituye una escultura pública?, ¿Quién y dónde está ese público? Weiner reitera estas preguntas con este proyecto que se llevará a cabo en tres lenguas, valenciano, castellano e inglés.
Bajo el sol funciona en dos contextos discursivos, cada uno aludiendo a diferentes espacios y modos de encuentro o espacios de recepción. Bajo el sol une estos dos niveles, el relacionado con el lenguaje como una presentación necesaria y efímera como punto de partida de la obra pública y el otro como una inscripción permanente de la obra pública en sí misma. Ambos son diferentes pero al mismo tiempo indisociables ya que comparten la misma poética. Representan las figuras del mismo movimiento, el giro de muñeca que hace que la cometa vuele en el cielo y la conduce a matar al toro cuando está cayendo. Bajo el sol nos recuerda claramente al mundo taurino pero también la delicadeza y elegancia de una ola que toma forma en el espacio como su propio territorio.
Bajo el sol es una invitación a caminar, jugar o simplemente ejercitar la mente de uno mismo.
(Fuente: www.eacc.es)
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Buenas Migue… espero que la pelicula de ayer te gustara, me refiero a la Celda 211. Yo quiero ir a verla mañana.